Ciudades inteligentes: cómo Uzbekistán y Azerbaiyán están redefiniendo la urbanización

Hace apenas unos años, el concepto de «ciudad inteligente» se percibía principalmente como una idea futurista, asociada a paneles de control digitales, transporte autónomo, una amplia implantación de sensores y servicios urbanos automatizados.
Hoy en día, la «ciudad inteligente» ha adquirido un carácter eminentemente práctico y se considera una herramienta eficaz para abordar los problemas urbanos contemporáneos. Esto es especialmente relevante para los países que enfrentan un rápido crecimiento demográfico, una intensificación de los flujos migratorios hacia las grandes áreas metropolitanas, la saturación de las infraestructuras y el aumento de los riesgos climáticos.
En este contexto, las tecnologías inteligentes dejan de ser un fin en sí mismas para convertirse en un mecanismo destinado a incrementar la resiliencia y la eficiencia de los principales sistemas urbanos: el transporte, la energía, los servicios públicos, la gestión de residuos y la monitorización ambiental. Esto permite a las ciudades adaptarse con mayor flexibilidad a los nuevos desafíos, reducir la presión sobre las infraestructuras y mejorar la calidad del entorno urbano.
Al mismo tiempo, la construcción de ciudades inteligentes adquiere una importancia estratégica desde el punto de vista económico, al generar motores de crecimiento a largo plazo. Estos proyectos atraen importantes volúmenes de inversión al combinar infraestructura digital, servicios innovadores y principios de desarrollo sostenible.
El desarrollo de territorios inteligentes contribuye asimismo a la creación de nuevos puestos de trabajo en sectores de alta tecnología, desde las tecnologías de la información y las telecomunicaciones hasta la ingeniería y el análisis de datos urbanos. Paralelamente, se impulsa la modernización de las infraestructuras urbanas, mejorando la eficiencia en la gestión de recursos y elevando el nivel de vida de la población.
Por ello, merece una atención especial la visión que Uzbekistán y Azerbaiyán están desarrollando en este ámbito. Ambos países no se limitan a seguir una tendencia global, sino que están construyendo su propio modelo de urbanización inteligente, en el que la tecnología está al servicio de las personas y contribuye a crear un futuro más cómodo y sostenible.
En este contexto, resulta especialmente ilustrativo el caso de Uzbekistán, donde la cuestión de la urbanización adquiere cada vez mayor relevancia debido al constante crecimiento demográfico. La población del país aumenta anualmente entre un 1,8 % y un 2 %, lo que genera una presión adicional sobre el sistema de transporte, el parque de viviendas, las infraestructuras de servicios públicos y los servicios sociales.
Ante esta situación, el Estado ha optado no por una modernización puntual del entorno urbano existente, sino por la creación de nuevos polos de crecimiento. El concepto de «Ciudad Inteligente», adoptado en 2019, y posteriormente la estrategia «Uzbekistán Digital 2030», sentaron las bases institucionales para una transformación digital integral de la infraestructura urbana y los servicios públicos.
El resultado práctico de estas orientaciones estratégicas es el proyecto «Nuevo Taskent», cuya importancia trasciende ampliamente la de un proyecto urbanístico convencional.
En esencia, se trata de la creación de un nuevo centro económico, administrativo y de inversiones, concebido para redistribuir la carga que soporta la actual capital y, al mismo tiempo, establecer un modelo urbano completamente nuevo basado en los principios de la ciudad inteligente y el desarrollo sostenible.
La concepción de la «ciudad de 15 minutos», el desarrollo de infraestructuras verdes, la gestión digital, la prioridad otorgada al transporte público y los principios de eficiencia energética no constituyen elementos aislados, sino componentes integrados de una estrategia más amplia destinada a ampliar el espacio económico y mejorar la calidad del entorno urbano.
En este sentido, «Nuevo Taskent» se convierte en un ejemplo claro de cómo un Estado utiliza los procesos de urbanización no solo para resolver problemas de infraestructura existentes, sino también para crear nuevos polos de crecimiento económico capaces de redistribuir la actividad empresarial y definir una trayectoria de desarrollo a largo plazo para la aglomeración urbana.
Por esta razón, el proyecto posee una marcada dimensión internacional. En su implementación participan la empresa singapurense Meinhardt Group, las británicas Foster + Partners y Cross Works, la oficina neerlandesa OMA, la japonesa Sojitz Corporation, la surcoreana Incheon International Airport Corporation, entre otros socios. Esto refleja la voluntad de Uzbekistán de integrar la experiencia internacional en su propio modelo nacional de desarrollo.
Por su parte, Azerbaiyán ha optado por un enfoque diferente para el desarrollo de espacios urbanos inteligentes. A diferencia del modelo basado en la construcción de nuevas ciudades desde cero, el país ha centrado sus esfuerzos en la recuperación y modernización integral de los territorios recientemente reincorporados, combinándola con la aplicación de soluciones urbanísticas contemporáneas y tecnologías Smart City.
Este enfoque implica no solo la reconstrucción física de las infraestructuras, sino también su redefinición sobre la base de tecnologías digitales, una planificación sostenible y estándares medioambientales avanzados.
Tras la reunificación de Karabaj y Zangezur Oriental con Azerbaiyán, el país se enfrentó no solo al desafío de reconstruir territorios devastados, sino también a la necesidad de reintegrarlos socioeconómicamente en el espacio nacional de desarrollo. En este contexto, los conceptos de Smart City y Smart Village adquirieron una importancia estratégica especial, convirtiéndose en pilares fundamentales de un nuevo modelo de planificación y gestión territorial.
Dentro de esta visión, la tecnología trasciende su función meramente modernizadora y se convierte en un instrumento de desarrollo integral. Contribuye a acelerar la recuperación de la actividad económica y social, generar condiciones favorables para el retorno de la población, reactivar la actividad empresarial y establecer mecanismos más eficientes de gestión territorial.
El ejemplo más representativo es Agalı, la primera «aldea inteligente» de Azerbaiyán. Este proyecto demuestra cómo la infraestructura digital, las energías renovables, la agricultura inteligente (smart agriculture) y los servicios públicos modernos pueden integrarse en un modelo innovador de reconstrucción postconflicto.
Con una superficie aproximada de 119 hectáreas, Agalı cuenta con más de 200 viviendas ecológicas equipadas con sistemas inteligentes, además de una amplia infraestructura social y comunitaria que incluye una escuela, una guardería, un centro médico, centros ASAN xidmət y DOST, así como instalaciones para pequeñas empresas y edificios administrativos.
Una lógica similar de desarrollo territorial puede observarse en otras localidades como Fizuli, Agdam, Shusha, Joyalí y diversas zonas adicionales, donde se está configurando un nuevo modelo de infraestructura basado en la sostenibilidad ambiental, la accesibilidad del transporte y la gestión digital de los servicios urbanos y rurales.
Al igual que Uzbekistán, Azerbaiyán se apoya activamente en la cooperación internacional como un importante recurso para la modernización. Huawei participa en la implementación de soluciones digitales; el Banco Mundial proporciona apoyo analítico y consultivo; y Japón desarrolla proyectos conjuntos en materia de infraestructuras inteligentes y energía verde, facilitando la incorporación de las mejores prácticas tecnológicas internacionales.
Uzbekistán está construyendo un nuevo entorno urbano desde cero, mientras que Azerbaiyán lo desarrolla sobre la base de una compleja transformación histórica y territorial. A primera vista, se trata de puntos de partida distintos; sin embargo, precisamente esta diferencia pone aún más de relieve las similitudes de sus enfoques. En ambos casos, la infraestructura digital no se concibe como un elemento añadido a la ciudad, sino como un componente estructural incorporado desde el inicio y determinante para su evolución futura.
Asimismo, ninguno de los dos países sigue una estrategia de simple reproducción de modelos ya existentes. Aunque estudian experiencias como las de Singapur, Dubái o Catar, no las replican mecánicamente. En su lugar, desarrollan arquitecturas propias de crecimiento adaptadas a sus condiciones demográficas, geográficas, históricas y sociales. Esto no refleja una limitación de opciones, sino la madurez de su enfoque estratégico.
En un contexto de acelerada urbanización tanto en Asia Central como en el Cáucaso Sur, la experiencia de Uzbekistán y Azerbaiyán adquiere el valor de un auténtico laboratorio de nuevas fórmulas de desarrollo. Aunque sus estrategias difieren en instrumentos y prioridades, comparten un objetivo común: la creación de ciudades de nueva generación capaces de combinar innovación tecnológica, sostenibilidad, adaptabilidad y un enfoque centrado en las personas.